miércoles, 10 de octubre de 2012

7º capítulo. De los años 90 hasta hoy día. La incorporación de los efectos  por ordenador.

Desde principios de los años noventa, hasta hoy día, ha ido apareciendo una nueva hornada de directores que , sin renunciar a un cine de autor, artesanal y sin pretensiones de gran espectáculo al estilo Hollywood, han aportado un nuevo impulso a un cine con elementos fantásticos, de terror o ciencia ficción. Con ello se ha dado pie a la aparición de una nueva generación de técnicos de efectos especiales y a la incorporación de los efectos generados por ordenador. Con películas como: "Acción Mutante"(Álex de la Iglesia, 1992), "El día de la bestia" (1995), "Airbag" (Bajo Ulloa , 1997), "Abre los ojos" (Alejandro Amenábar, 1998),  "El milagro de P Tinto" (Fesser, 1998), "Nadie conoce a nadie" (Mateo Gil, 1999) , "La comunidad" (Álex  de la Iglesia, 2000). ”La gran aventura de Mortadela y Filemón” ( Javier Fesser 2003) , “El capitán Alatriste”(Agustín Díaz Yanes, 2006) , “El laberinto del fauno” (Guillermo del Toro, 2007) o “La herencia Valdemar” (José Luis Alemán, 2009)

 En "Acción mutante" se utilizaron gran cantidad de efectos especiales: disparos, explosiones, personajes voladores, naves espaciales e incluso un monstruo, la "mascota" de la banda de terroristas galácticos.
Emilio Ruiz colaboró con las maquetas de las naves espaciales.

El cine español, sin embargo, ha seguido centrado en películas de corte costumbrista, sobre todo en el género de la comedia. Las adaptaciones literarias y películas de ambientación histórica suelen dar la oportunidad  a los técnicos y artistas para recrear localizaciones que resultaría imposible rodar en la realidad. Vemos dos ejemplos de ello en "La ciudad de los prodigios" de Mario Camus y en "La hora de  los valientes" de Antonio Mercero.

En la primera se necesitaba una vista de la Barcelona de principios del siglo veinte. Para ello se encargó la construcción de una maqueta corpórea a Poli Cantero. En el segundo ejemplo se necesitaba rodar unas escenas en el interior de uno de los pasillos centrales del Museo del Prado en Madrid. Ante la imposibilidad de rodar en el museo real, se construyó el decorado falso de las paredes, y el techo se pintó en una chapa recortada. Julián Martín fue el encargado de pintar la maqueta del techo.

Nombres  clásicos del cine de fantasía y terror español , como Paul Naschy o Juan Piquer, realizan sus últimos esfuerzos en una industria cambiante en la que cada vez les cuesta más encontrar un hueco, intentando ser fieles a un estilo de cine que resulta cada vez más lejano al público joven acostumbrado al ritmo incesante y a los efectos especiales del cine americano. Paul Naschy volvió a encarnar al hombre lobo en “Licántropo” 

 Una de las primeras películas en usar  efectos generados por ordenador  de forma notable fue "Atolladero"de Óscar Aibar (1994), película en la que los componentes del equipo de efectos de maquillaje DDT crearon una de sus primeras caracterizaciones para cine.
Con la irrupción de los efectos digitales, se crean  en España varias empresas entre las que destacan: Daiquiri ("La comunidad"), Enefecto ("Náufragos", Luna, 2002), Filmtel ("la ciudad de los prodigios", Mario Camus (1999)), Esfera ("El corazón del guerrero", Daniel Monzó, 2000)
 Nave espacial creada por ordenador para "Náufragos" 2002.
 Para "El Día de la bestia" se compuso digitalmente la aparición del diablo en forma de macho cabrío.  La creación del maquillaje de la bestia fue responsabilidad de José Antonio Sánchez.  Reyes Abades se encargó de los efectos especiales. La composición digital y los efectos por ordenador fueron responsabilidad de Juan Tomicic.
 

Eduardo Noriega en "Abre los ojos"  rodando su caída en un estudio para luego integrar la imagen digitalmente.

















Explosión de una maqueta para "Nadie conoce a nadie". La explosión se rodó en exteriores, con la maqueta  frente a una pantalla azul, la imagen se compuso digitalmente para integrarla en la ciudad de Sevilla. Los efectos especiales corrieron a cargo de EFE-X con Raúl Romanillos y Pau Costa a la cabeza. Emilio Ruiz supervisó la construcción y el rodaje de la maqueta.


 En estas películas y otras más, trabajan nuevos técnicos  como Raúl Romanillos, Poli Cantero, Amador Rehak  o David Martí (efectos de maquillaje) y nuevas empresas como DDT, EFE-X, Biefec o Artefacto, entre otras.
Para la película de Alejandro Amenábar “Mar adentro” (2004), se utilizó una gran cantidad de planos con pantalla croma, que más tarde los técnicos de la empresa "El Ranchito" de Félix Bergés se encargaron de  completar  digitalmente, añadiendo los fondos. En esta última década surgen empresas de efectos digitales como Kinema digital, Cúbica,  o Entropy studios.
Uno de los últimos grandes logros de los efectos especiales españoles ha sido con "EL laberinto del fauno" (2007) de Guillermo del Toro.
En los efectos especiales estuvo Reyes Abades, en las maquetas Emilio Ruiz, y en los espectaculares maquillajes, la empresa DDT, con  David Martí y Montse Ribé a la cabeza. La película ganó el Goya a los mejores efectos especiales, al mejor maquillaje, a la dirección artística, entre otros premios.
David Martí y Montse Ribe ganaron aquel año, también el Óscar al mejor maquillaje.

La productora Filmax lanza una serie de películas de terror y género fantástico en las que trabajan un gran número de los más jóvenes técnicos de efectos en todas sus categorías.  Oscar Aparicio, Pedro De Diego, Arturo Balseiro, Juan Serrano, Pablo Perona  y David Ambit que crea los espeluznantes maquillajes de las tres películas de la serie “REC”.


 Las maquetas tradicionales han caído últimamente en desuso y, salvo algunas excepciones, han sido reemplazadas por efectos generados por ordenador. Solamente algunos directores artísticos como Gil Parrondo han seguido utilizando maquetas corpóreas como en “Las llaves de la independencia” (Carlos Gil, 2005) o Luz de domingo ( José Luís Garci, 2007) para la que Emilio Ruiz pintó su última maqueta antes de fallecer, después de 64 años de trabajo como pintor y maquetista.
Los efectos generados por ordenador desarrollan una función clave en el cine de los últimos años, como en la película “La herencia Valdemar” (José Luís Alemán, 2008, 2010), para la que la empresa Onirikal Studio creó la  criatura lovecraftiana que aparece en la segunda entrega.

Para  “Balada triste de trompeta” (Alex de la Iglesia, 2010) , la empresa Imasblue creó paisajes y completó decorados tanto en localizaciones  exteriores como en plató. La muy esperada adaptación del personaje de cómic del “Capitán Trueno” (Antonio Hernández, 2011) se benefició de los efectos por ordenador de Imasblue,  estudio de postproducción creado por Infinia y Molinare bajo la dirección de Ferran Piquer, para recrear los ambientes medievales y completar los decorados con pinturas digitales.

Uno de los últimos logros en efectos especiales son los robots creados para la película “Eva” (Kike Mailló 2012) En esta producción, tres empresas de efectos digitales se repartieron el trabajo. Entropy Studios, Fassman y Cúbica, estas dos últimas están realizando la versión digital de los robots. La empresa de Arturo Balseiro, Dharma Estudio, se encargó de construir la versión corpórea de los robots, con animatrónicos y manipulados con varillas que serían borrados en postproducción.

Esta película recibió el Goya a los mejores efectos especiales.

domingo, 22 de julio de 2012

capitulo 6



6º capítulo. Las últimas décadas. De los años 80, hasta hoy día. (1º parte)



Aunque las ventajas de rodar en España ya no son las mismas que en décadas anteriores, todavía vienen algunas grandes producciones durante los ochenta, como: "Conan" (John Millius, 1982), "El imperio del sol" (Steven Spielberg, 1986) o "Los señores del acero" (Paul Verhoeven, 1985).
Maquetas de Emilio Ruiz para Conan el bárbaro.


Para la película Los señores del acero, unieron sus fuerzas Reyes Abades y Antonio Parra, cada uno respaldado por su equipo propio. Carlos Paradela y Miguel Sesé estuvieron a cargo de los efectos de maquillaje y caracterización.

A finales de  la década de los ochenta y principios de los noventa comienzan a surgir una nueva generación de técnicos y artistas que poco a poco irán encontrando su camino hasta convertirse en  creadores de la mayoría de los efectos  en las películas que vemos hoy en día. Junto a ellos, los veteranos que comenzaron en los años  cincuenta y sesenta van jubilándose y abandonando  el oficio, aunque algunos de ellos se resisten y continúan trabajando siempre que les llaman.

En cuanto a la producción nacional, se acometen algunos proyectos ambiciosos como: "El caballero del dragón" (Fernando Colomo, 1985) o "El dorado"(Carlos Saura, 1988) en los que se han de crear naves extraterrestres y recrear antiguas embarcaciones del siglo XVI.
"El caballero del dragón" con efectos de Reyes Abades, maquetas de Julián Martín y efectos  ópticos de Óscar Núñez y Chuck Cominsky.  Para el diseño de la nave espacial y el traje que vestía Miguel Bose se contó con la colaboración de  David Nadal, Alfonso Azpiri y Juan Jiménez.
 Reyes Abades (a la izquierda) con la maqueta de la nave extraterrestre., construida por el escultor y maquetista Vicente Jesús.
Tras el auge de finales de los 60 y principios de los 70, el cine de género fantástico y de terror,  reduce su producción drásticamente.  Los esquemas de producción cambian y se impone   la política de subvenciones, que significa un gran varapalo al cine de género fantástico.  Se potencia sin embargo un cine de  denuncia en el que se muestran las desigualdades sociales y  las injusticias del presenta y sobre todo las del régimen anterior.  El cine se convierte en un arma política con la que ajustar cuentas y, libre de la censura del franquismo, dar a conocer  las historias que antes no se podían contar. 
Una nueva generación de directores, guionistas y productores, que ya comenzaron en los setenta a crear un cine  libre de ataduras,  desarrollan completamente sus facultades, durante estos años gracias a una política de subvenciones que por otra parte perjudica enormemente al cine de género fantástico, de acción o de terror, que no busca otra cosa más que entretener.
 Durante estos años  y gracias  Pilar Miró se potencia  desde la Televisión española, la creación de series de televisión  basadas  generalmente en grandes éxitos literarios. Contando con presupuestos  adecuados se consiguen series de gran calidad artística que darán trabajo  y la oportunidad de lucirse, a muchos  técnicos  y artesanos españoles.
Películas de directores ya conocidos, como "Los santos inocentes" (Mario Camus, 1984), "El lute" (Vicente Aranda, 1987), "La vaquilla" (Luís García Berlanga, 1985), "Remando al viento" (Gonzalo Suárez, 1988) o la aparición de nuevos realizadores que se consolidaron durante esta década como Fernando Colomo (la vida alegre, 1986), Fernando Trueba (Sé infiel y no mires con quien (1985) o Pedro Almodóvar (Mujeres al borde de un ataque de nervios, 1988)
En estas películas los efectos especiales,  no suelen destacar por su espectacularidad, mas bien  buscan generalmente el realismo.  En la mayoría de los casos se trata de efectos que resultan casi invisibles, y que en muchos casos entrañan una gran dificultad.  El taller de Antonio Molina sigue adelante en manos de su hijo Juan Ramón, mientras que Reyes Abades se consolida con fuerza. Los veteranos como Basilio Cortijo aún tienen tiempo para dar muestras de su solvencia, así como los componentes de la cooperativa Cinefec  (Antonio Bueno (Puchini), Antonio Parra, José Antonio Balandín, etc.) y otros profesionales que trabajan por libre como Pablo Pérez, Fernando Pérez Escurra, Manuel Gómez, Tomás Urban etc.

Para "Santa Teresa de Jesús", serie producida por Televisión Española, Julián Martín Benito, pintor y maquetista, estuvo a cargo de la construcción de diversas maquetas corpóreas y pintadas en chapa recortada. 
El ejemplo  perfecto para mostrar su trabajo dentro de la cinematografía española es la maqueta que pintó para "Los Santos inocentes" de Mario Camus. Una película de corte  naturalista, dramática y realista en la que los efectos especiales deben ser absolutamente invisibles. Reyes Abades se encargó de los efectos mecánicos y atmosféricos, disparos, niebla, lluvia, fuego, etc., y Julián completó con una pintura en chapa la parte superior de un cortijo real. Julián Martín "Julianin" comenzó a trabajar con Francisco Prosper a finales de los años 50 y rápidamente aprendió el oficio de pintor trabajando entre otras en las películas de Samuel Bronston.  Bajo las órdenes de Francisco Prósper y Francisco Asensio trabajando para directores de arte como Gil Parrondo o Enrique Alarcón.



Julián Martín y Reyes Abades trabajaron juntos unos años después para recrear la tragedia del bombardeo de Guernica en la película de 1987 "A los cuatro vientos" que estuvo nominada al Goya a los efectos especiales.

En la película de  Manuel Gutiérrez Aragón "Feroz" (1984), uno de los personajes protagonistas era un oso. Parte de la película se rodó usando un oso real amaestrado, pero para algunos planos, se requería un oso falso. Para ello se construyó un traje, que incorporaba  un mecanismo para mover la boca y los ojos de forma realista.  De ello se encargaron  José Antonio Sánchez y José Quetglas.

Para probar la veracidad del truco, antes del rodaje, los técnicos de efectos sacaron a la calle el oso falso con un especialista dentro. Al ver la reacción de pánico de los transeúntes, se dieron cuenta de que  habían hecho un buen trabajo.

Aparte del cine de corte reivindicativo y social, la comedia fue el género protagonista en esta década.   Para la película de Pedro Almodóvar “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” (1984), Francisco Prósper se encargó de los efectos especiales en los que una niña con poderes telequinéticos ayuda a Carmen Maura a quitar los muebles de la cocina y empapelarla. Los objetos vuelan suspendidos por hilos operados desde la parte superior de los decorados.

 Para la comedia "La Biblia en pasta" de Manuel Summers, 1984  se necesitaron  efectos especiales de todo tipo como maquetas, incendios, inundaciones, etc. Basilio Cortijo y Francisco Prosper unieron sus fuerzas para crear los efectos de esta disparatada comedia. En ella se recrearon algunos de los más famosos pasajes del Antiguo Testamento siempre en clave de comedia. La Torre de Babel, el arca de Noé, etc. Maqueta e incendio de la Torre de Babel.
Del  taller de Antonio Molina, surgen trabajos tan emblemáticos como la espectacular explosión de “El crack” (1981) de José Luis Garci, en la que recrea perfectamente la detonación de una bomba en un coche, frente a la cabina de teléfono donde está Alfredo Landa, mientras la onda expansiva pulveriza el cristal de la cabina.  Aunque sus trabajos más espectacular
Probablemente serán los efectos de las dos películas de “El lute” (1987 y 88) de Vicente Aranda. Explosión en secuencia de “El crack”.


Sin embargo, en los años 80 todavía algunos directores consiguen  mantenerse en el cine de género, dando pie a que puedan desarrollar su trabajo algunos de los mejores técnicos de efectos del país, y sobre todo, en el campo de los efectos de maquillaje.  Trabajando a contracorriente directores como Juan Piquer,  Paul Naschy José Maria Larraz o Amando de Ossorio, consiguen poner en marcha sus proyectos con sureste desigual.

El director que con más continuidad se acerca a este cine de género es el valenciano  Juan Piquer Simón, que tras el éxito de sus primeras películas a finales de los setenta, continúa su filmografía con títulos como:   "Misterio en la isla de los monstruos"( 1980), "Mil gritos tiene la noche" (1982), "Los nuevos extraterrestres"(1983), "Slugs" (1989) y "La grieta" (1990).
En la foto, Gonzalo Gonzalo está trabajando en la maqueta del barco de "Krakatoa", del que solo quedaba el casco y que tuvo que restaurarlo y adaptarlo a la película "Misterio en la isla de los Monstruos"(1980).  


Tras más de diez años de trabajo en publicidad, Gonzalo Gonzalo se pasó al mundo del cine  como ayudante de decoración, trabajando en diversas películas y series de televisión. Colaboró con Juan Piquer en sus primeros largometrajes de aventuras y terror, trabajando como ayudante de decoración y maquetista a las órdenes de Francisco Prósper y Emilio Ruiz, y finalmente como director de arte.

Junto a la experiencia de veteranos como Francisco Prosper y Emilio Ruiz, Juan Piquer se benefició del buen oficio de algunos de los mejores directores de fotografía españoles como Andrés Berenger y Juan Mariné.
Juan Piquer con unas maquetas durante el rodaje de "Slugs"(1988). Por la que Basilio Cortijo, Carlo de Marchis y Gonzalo Gonzalo ganaron el Goya a los efectos especiales.


Para el rodaje de "La grieta" (1989), de nuevo el equipo de FX lo compusieron  Basilio Cortijo y Carlo de Marchis, esta vez con Emilio Ruiz y la incorporación del inglés afincado en España Colin Arthur a cargo de los monstruos y efectos de maquillaje. El director de arte Gonzalo Gonzalo estuvo a cargo del diseño de las criaturas mutantes y del submarino.
Juan Piquer con uno de los muñecos que hizo Colin Arthur sobre el diseño de Gonzalo Gonzalo. Esta película obtuvo un merecido Goya a los efectos especiales en el año 1989.


Jacinto Molina “Paul Naschy”  consigue poner en pie algunos proyectos interesantes, aunque mucho menos numerosos que en la década anterior.  Su personaje habitual del hombre lobo, Valdemar Daninsky vuelve en  El retorno del hombre lobo (1981) y  viaje a Japón con la coproducción  La bestia y la espada mágica, (1983) Salvador Sainz junto al maquillaje de Hombre lobo realizado por Fernando Florido  para La bestia y la espada mágica.

En El aullido del diablo (1987), Naschy interpreta a varios personajes clásicos del cine de terror como el monstruo de Frankenstein, Mister Hyde, Quasimodo, el fantasma de la Ópera y, por supuesto, el hombre lobo. Todas ellas son creaciones del veterano maquillador Fernando Florido.

Amando de Osorio, otro director de películas de género de terror y acción, dirigió su última película en 1985. "Serpiente de Mar". Los efectos especiales eran de Tomás Urban y Francisco San José, con el trabajo de maquetas supervisado por el director de arte José Luís Galicia.

Para crear la serpiente de mar, se construyó una en miniatura para rodar con las maquetas de un puente, un faro y un embarcadero. Y parte del cuello y la cabeza del monstruo se reprodujeron  a tamaño natural para los primeros planos.
En la foto de la izquierda vemos a la serpiente en miniatura enroscada a una maqueta de un puente en el mar, provocando que el tren descarrilara y cayera al agua.


Este tipo de películas, las llamadas "de monstruos", para que resulten convincentes necesitan de unos efectos especiales muy cuidados, lo que requiere un presupuesto adecuado. Curiosamente, en nuestro país se han hecho y se siguen haciendo películas de género fantástico con presupuestos muy insuficientes. Como es el caso de "Serpiente de mar".  Sin embargo, ahí queda el valor de los que, aun con poco dinero, intentan sacar adelante proyectos complicados.

Otras películas de género fantástico y de terror con interesantes efectos fueron:  "Leviatán, monster dog (1984) de Claudio Fragasso, "Descanse en piezas "(1987) o "al filo del hacha"(1986) de José Antonio Larraz, la parodia del cine de terror "aquí huele a muerto"(1989) con el popular dúo de humoristas Martes y Trece, dirigida por Álvaro Sáenz de Heredia, o "Angustia"(1987) de Bigas Luna, con la que Francisco Teres ganó el primer Goya a los efectos especiales concedido por la academia de cine.

En los años noventa, aparece una nueva generación de directores que, incluso con presupuestos moderados, entran a saco en géneros casi olvidados en los que las escenas de acción tienen tanta importancia como las de diálogo; como la comedia fantástica, el terror,  incluso la ciencia ficción. En el siguiente capítulo se hará un repaso a estas últimas producciones.

domingo, 24 de junio de 2012

Los restos del naufragio 1º


 
Restos del naufragio (1)

 Después de subir el capítulo 5,  he pensado que sería interesante mostrar algunas imágenes de pequeñas reliquias que hemos ido encontrando en nuestra investigación sobre la historia de los efectos especiales.

La primera de todas es uno de los cráneos originales de las películas de templarios de Amando De Ossorio. Esta cabeza con dos brazos en látex, fueron cedidas por Ossorio a Antonio hace ya bastantes años cuando este tenía aún su despacho en Madrid. Sacó de unas viejas cajas algunos recuerdos y artefactos de sus películas entre los que estaba también una muy deteriorada cabeza en miniatura del monstruo marino de “Serpiente de Mar” (1984). Al haber sido usado en rodaje con agua, el látex se había podrido y estaba casi irreconocible. Sin embargo las garras y cabeza de templarios están aun en muy buenas condiciones, y  fueron expuestas el año pasado en la exposición “La serie B en el cine español” en  Zaragoza, comisariada por José Luís Anchelerges.
 
 
 Por cierto, una curiosidad sobre estas piezas.  El terror de los templarios de Ossorio  salió hace unos años de nuestro planeta y llegó a Marte.  Cuando el productor José Magan me pidió una veintena de momias de extraterrestres para la película Náufragos (Stranded, 2001), dadas las restricciones de presupuesto, le hicimos un molde a los brazos de los templarios y sacamos reproducciones para completar el cuerpo y la cabeza que modelé en barro. Con lo cual, los marcianos momificados que aparecen al final de la película tienen los antebrazos de los templarios zombis de Ossorio.   Claro está que Antonio y yo nos quedamos con una de las momias que aún tenemos por ahí.
Momias marcianas en el decorado del túnel y la superviviente.
 
 
 El submarino y la nave espacial de Supersonic Man (1978) nos fueron cedidos por Juan Piquer en su oficina de Madrid, en una de las numerosas visitas que le hicimos. Tenía allí varias maquetas y quería deshacerse de ellas tirándolas a la basura ya que le ocupaban espacio. Antonio y yo rápidamente nos ofrecimos a guardarlas y restaurarlas y Juan nos las regaló con algunos otros recuerdos. También esta maqueta ha sido expuesta en varias ocasiones; la mencionada de Zaragoza, y dos más dedicadas al maquetista Emilio Ruiz, una en Madrid y otra en Valladolid.
Algunas de estas fotos las he tomado de las muchas que hizo David García en la exposición para su blog Monster World, donde podéis encontrar muchas más.


 
 

 
Cuando hace poco fuimos a entrevistar a Antoñita,   la viuda del maquillador Julián Ruiz,  una encantadora y magnífica profesional de la caracterización y peluquería, nos quedamos asombrados al ver cómo sacaba de una caja de zapatos  los restos, en muy buen estado, de las prótesis de los ojos para la película “Pánico en el transiberiano”. Sacamos una buena serie de fotos, de las que hemos seleccionado las dos mejores para el libro y otras para mostrar en este blog. También le hemos mandado algunas imágenes a nuestro amigo David García, creador del fanzine Monster World, donde ha colocado las imágenes.
 

Más adelante os iremos mostrando otros objetos, dibujos y artefactos que han ido salvándose de los rodajes y con los que, quién sabe, quizás algún día se pueda mostrar una espectacular exposición dedicada a los efectos especiales en el cine español.

Capitulo 5



5º capítulo. La producción española durante los 60 y  70.  Cine fantástico y de terror  español.
A la vez que se rodaban las películas extranjeras, en nuestra cinematografía se desarrolló una intensa producción en todo tipo de géneros. De esta forma, independientemente de los equipos que formaron los técnicos extranjeros, como ya hemos visto en anteriores capítulos, aparecieron los primeros  profesionales dedicados exclusivamente a los efectos especiales, independientes del departamento de arte. Entre los primeros estaban Antonio Molina  y Manuel Baquero, que montaron los primeros talleres de efectos especiales.
La comedia y el drama eran los géneros más destacados y también los más respetados, con directores como Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem,  Antonio Nieves Conde, Carlos Saura, Pero Olea y otros que fueron apareciendo en estas décadas para dar paso a un cine diferente, más realista y comprometido con los nuevos cambios sociales que poco a poco se iban introduciendo en nuestro país.
En estas películas, que generalmente buscaban el realismo, los técnicos de efectos trabajan para conseguir el efecto perfecto o efecto invisible, aquel que nos resulta tan real que no se nota. Tormentas falsas, cristales rotos, niebla, decorados que son maquetas, fuegos controlados o trenes que no se mueven aunque el paisaje pasa tras las ventanillas, son algunos ejemplos. 
Un ejemplo de uso de maquetas es el extraordinario trabajo que hizo Enrique Alarcón en "Cotolay" (1965) de José Antonio Nieves Conde, para el que realizó una maqueta corpórea  de la antigua catedral de Santiago que encajaba perfectamente en los decorados reales. Todo ello rodado en  exteriores.
 
Diseño de Enrique Alarcón y a su lado,  la maqueta de la catedral.
 
Las adaptaciones literarias, especialmente de obras de estilo costumbrista, fueron muy habituales y un ejemplo de ello podría ser Tristana (1970) de Luis Buñuel. Una película con efectos especiales de Antonio Molina, entre los que destacan una copiosa y realista nevada o la cabeza falsa de Fernando Rey creada por  Julián Ruiz.
Foto de la parte del equipo de maquillaje. De izquierda a derecha: Miguel Sese, ayudante de Julián, Catherine Deneuve, Mari Nieves Ruiz, ayudante de peluquería y maquillaje, la secretaria de Catherine Deneuve y Julián Ruiz.  La imagen a color muestra la  réplica de la cabeza cortada de Fernando Rey.

Aunque la mayoría de los directores  más respetados se inclinaban por un cine  de corte realista, hubo algunas rarezas y excepciones como la incursión de Juan Antonio Bardem en el cine de aventuras con su versión de La isla misteriosa (1972)

 Ciertamente el género más destacado de la cinematografía española es estos años fue la comedia y el drama de corte realista, pero el cine de genero fantástico y de terror tuvo en estos años un extraordinario auge gracias en gran medida a la venta al extranjero de estas películas. Muchas de ellas iban acompañadas de un erotismo que, como ya comprobara la productora británica Hammer, casaba perfectamente con el género de terror. 
Aparecieron figuras como el director Jesús Franco, el actor y también director Jacinto Molina, más conocido como Paúl Naschy,  Amando de Ossorio, Carlos Aured y otros que de forma intermitente tocaron el género fantástico. En la mayoría de los casos se trataba de películas de bajo presupuesto, rodadas en poco tiempo, con mucha imaginación, y unos efectos especiales que debían ser imaginativos y baratos. 

Uno de los más destacados es sin duda Eugenio Martín, que con "Pánico en el transiberiano" (1972)  consiguió llegar a un nivel excepcional rodando una película con casting internacional y una facturación propia de cualquier película británica o americana de la época. Para ello contó con grandes profesionales como Julián Ruiz, que realizó unos escalofriantes efectos de maquillaje. Pablo Pérez estuvo a cargo de los efectos especiales y Ramiro Gómez de la dirección artística.  Como director de fotografía, el experimentado Alejandro Ulloa supo sacar un gran partido a los maquillajes  decorados y maquetas.
 
Para rodar los planos del tren atravesando  paisajes nevados, se utilizó un tren en miniatura. Había sido  construido en Londres y traído hasta los estudios  que Philip Yordan tenía en Daganzo. Se utilizó para la película Pancho Villa, también de Eugenio Martín. Los productores quisieron sacarle partido a los decorados del interior del tren y a la magnífica maqueta y así nació la idea de Pánico en el Transiberiano.  Allí se tendió la línea férrea y se construyeron los paisajes nevados a escala.
 El tren se movía en ambas direcciones a control remoto, tenía luces en su interior, y la locomotora podía echar humo y sonaba el silbato. Según nos contó Eugenio Martín, "era como un juguete, podías manejarlo a tu gusto y eso facilitó enormemente el rodaje". Al final, el tren, con el monstruo de otro planeta, es  conducido a una vía muerta y cae por un precipicio.


Tras el rodaje en Daganzo de "Pánico en el transiberiano" la maqueta del tren quedó allí junto con la del barco de "Krakatoa" y parte de un decorado de pueblo del oeste. Cuando Juan Piquer compró los terrenos y el poblado a mediados de los setenta, utilizó algunas de aquellas maquetas para sus películas como veremos más adelante.

Una de las películas que marcaron aquella época creando un personaje mítico y  toda una saga, fue "la Marca del hombre lobo" 1968, y  "La noche de Walpurgis" (León Klimovsky, 1971).Jacinto Molina, bajo el seudónimo de Paúl Naschy, creó el personaje de Valdemar Daninsky, el hombre lobo, dando así comienzo a una larga, irregular pero fructífera carrera, siempre a contracorriente. Pero que finalmente le llevó a conseguir un reconocimiento internacional. Paúl Naschy  con tres diferentes caracterizaciones  de licántropo.
Aparte del hombre lobo, llevó a la pantalla otros  personajes míticos de terror como la momia en "La venganza de la momia"(1975) o personajes propios, partiendo de otros ya conocidos como en "El jorobado de la morgue" (1972).

En estas películas  aparecen a menudo efectos de maquillaje y caracterización que eran requeridos en el cine habitual o costumbrista, dando  oportunidad a los técnicos y artistas de crear efectos en muchos casos improvisados y  concebidos con grandes dosis de ingenuidad e imaginación. Julián Ruiz realizo infinidad de estos efectos, con mutilaciones y cabezas cortadas. Maquilladores como Adolfo Ponte, Miguel Sese, Carmen Martín, Romana González, Fernando Florido o Carlos Paradela  realizaron excelentes trabajos en muchas ocasiones con medios muy escasos.  En los efectos especiales destacaban los talleres de Manuel Baquero, y Antonio Molina, y más adelante la cooperativa Cinefec, creando explosiones, disparos, lluvia, fuego y otros efectos mecánicos y atmosféricos realizados por técnicos como Alfredo Segoviano, Juan Ramón Molina, Antonio Parra, Fernando Pérez, José Antonio Balandin, Pablo Pérez, Reyes Abades, etc.

Jorge Grau, como Eugenio Martín, fue otro francotirador y  artesano del cine que igual dirigía una comedia como una de terror o dramática. En el género fantástico dejó igualmente algunos títulos muy estimables y entre ellos destaca  "No profanar el sueño de los muertos" (1974) . Los efectos especiales fueron de  Antonio Balandin y Guianetto de Rossi por la parte italiana. Ganaron el premio a los efectos especiales en el Festival de Sitges de 1973.  Jorge Grau conversa con Gianetto de Rossi sobre el ataque de los zombis a la recepcionista de la morgue. Los actores destrozando la prótesis de pecho de la actriz.
 
Juan Piquer Simón , después de años de experiencia haciendo publicidad para televisión, se pasa al mundo de los largometrajes con "Viaje al centro de la Tierra" (1977).  Tras el éxito de esta película, siguieron otras llenas de efectos especiales como "Supersonic Man" (1978), la primera película española en la que se usó la técnica de "Front Projection".
Francisco Prósper, con su equipo de construcción de decorados compuesto por escayolistas, carpinteros, pintores y escultores, estuvo a cargo no solo de los decorados sino de las maquetas corpóreas, monstruos   y el diseño de los efectos visuales, tarea que compartió con Emilio Ruiz.
Setas y conchas de tortugas en miniatura colocadas en primer término encajadas con las construidas a tamaño real al fondo.
En la película "Viaje al centro de la Tierra"  se utilizaron todo tipo de efectos mecánicos, lluvia, fuego, explosiones, etc...  a cargo de CINEFEC, una cooperativa creada por varios técnicos de efectos. Entre ellos, Antonio Parra y Antonio Balandin.
Modelado en barro de los dinosaurios.
Tras el éxito de esta película, siguieron otras llenas de efectos especiales como "Supersonic Man" (1978), la primera película española en la que se usó la técnica de "Front Projection".
También se utilizó una gran cantidad de maquetas.
 
Cohetes,  naves espaciales, submarinos, barcos y helicópteros en miniatura destinados en la mayoría  de los casos a ser destruidos por los técnicos de efectos de Cinefec.
Rodaje de una maqueta con ovni para "Supersonicman" (1978)

Amando de Ossorio, director y guionista de varias películas de género fantástico, entre ellas la saga de los templarios, había trabajado  con anterioridad en algunas producciones como técnico de efectos especiales.  Estos son algunos de los diseños hechos por él mismo para sus películas de los templarios. 
 

En la foto, Amando de Ossorio con uno de los  caballeros templarios de sus películas.
En la otra foto, una imagen de El buque maldito.
 

Como ya hemos mencionado, eran habituales en estas películas las escenas de erotismo. Torturas, sacrificios rituales y  asesinatos  de chicas jóvenes y atractivas solían ir precedidos de  las  ineludibles escenas  de destape forzoso en las que la ropa de las víctimas terminaba hecha jirones dejando al descubierto sus encantos femeninos. Resultaba casi imposible ver una película de  zombies, vampiros, hombres lobo, brujería o satanismo sin las consabidas escenas de desnudos y erotismo. Es cierto que este hecho fue uno de los causantes del tremendo éxito de estas películas y terminó siendo una marca del cine de terror.
En la noche de los brujos (Amando de Osorio, 1973), Bárbara Rey, después de ser desnudada a latigazos, es decapitada y convertida en bruja. Los efectos especiales fueron de Jesús Iglesias y los de maquillaje de Miguel Sese.

 
La mayoría de las películas de terror y fantasía de estos años, fueron rodadas con pocos medios. Sin embargo, en algunas se encuentran muestras de la solvencia con la que los técnicos de efectos especiales y de maquillaje solucionaban los problemas presupuestarios.
A finales de los setenta se independiza del taller de efectos especiales Cinefec un joven Reyes Abades, que comienza así su carrera en solitario después de haber trabajado durante años en varios talleres de efectos siendo ayudante de profesionales como Antonio Balandín o Antonio Molina y colaborando en películas extranjeras con técnicos de la talla de Kit West o Bill Warrington.


domingo, 10 de junio de 2012

Capitulo4



4º capítulo. Las películas de Ray Harryhausen, Eugene Lourie y  Alex Weldon.

Durante los años 60 y 70,  metidos en esa oleada de producciones extranjeras, aparecen algunos nombres que merecen un especial aparte por la influencia que dejaron en algunos técnicos españoles.
Ray Harryhausen, el gran mago de la animación  de muñecos fotograma a fotograma o stop-motion, como se le conoce en los países anglosajones.
Aunque sus efectos de animación los rodaba en Londres, el rodaje en exteriores de  algunas de sus películas, se realizó en diversas localizaciones de España,
Eugene Lourie, director artístico y director de algunas películas de género fantástico, trabajó en España en películas como Crack in the World (Andrew Marton, 1965), La batalla de las Ardenas (Ken Annakin, 1965) o Krakatoa (Bernard Kowalski, 1969), que estuvo nominada al Óscar a los mejores efectos especiales.
Con él trabajó a menudo Alex Weldon  en los efectos mecánicos. Alex Weldon era ya un reputado  supervisor de efectos especiales cuando vino a España en la década de los 60 para hacerse cargo de los efectos de las películas de Samuel Bronston.

En poco tiempo creó un eficiente equipo de profesionales con Pablo Pérez, Manuel Baquero o Basilio Cortijo. Además de las películas de Bronston, colaboró en las tres antes citadas de Eugene Lourie y muchas otras.
 
 

Basilio Cortijo(a la izquierda) con su maestro Alex Weldon.
Eugene Lourie, experto en el uso de maquetas , trabajó por primera vez en España con la película “A crack in the world”.  En ella contó con la colaboración de Francisco Prosper como constructor de decorados y maquetas y con Alex Weldon en los efectos mecánicos con su equipo español encabezado por Basilio Cortijo. Lourie trajo también al maquetista francés Charles Assola , que colaboró en la construcción de las numerosas miniaturas. Entre ellas destaca un cohete que debía dispararse hacia el centro de la Tierra.
 


 Tras las grandes superproducciones de Samuel Bronston, Krakatoa  supuso de nuevo un gran reto para los equipos de efectos especiales. Esta fue la primera película extranjera rodada íntegramente en suelo español que sería nominada al Óscar a los mejores efectos especiales. Manuel Berenguer, director de fotografía, realizó un trabajo destacado en la filmación de los efectos especiales, siendo un colaborador habitual de las películas extranjeras rodadas en España. En el departamento de arte, Gil Parrondo y Fernando González  trabajaron a menudo en las películas de Harryhausen y Eugene Lourie.
La maqueta del barco de "Krakatoa"(1969), que más tarde fue utilizada por Juan Piquer en "Misterio en la isla de los monstruos", (1980)
Francisco Prosper, constructor de decorados y director artístico, colaboró con Lourie y Harryhausen  en la construcción de decorados, maquetas corpóreas y elementos de atrezo. Con un experimentado grupo de pintores, escayolistas, carpinteros y escultores, trabajó en películas como "Simbad y la princesa"(Natanha Juran, 1958), Mysterious Island (Cy Enfield, 1960), El viaje fantástico de Simbad (Gordon Hessler, 1974), Simbad y el ojo del tigre (Sam Wanamaker, 1977) , además de las dos películas de Lourie mencionadas anteriormente.
Prosper aunque nunca dejó el trabajo de dirección artística, fue poco a poco entrando en el campo de los efectos especiales llegando a contar con una filmografía repleta de títulos sobresalientes, entre los que destacan, aparte de los antes citados, Mr Arkadin (Orson Welles, 1955) Espartaco (Stanley Kubrick, 1960), Cromwell (Ken Hugues, 1970)o Robin y Marian (Richard Lester, 1976) y películas españolas como, Viaje al centro de la Tierra (Juan Piquer, 1977) o ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (Pedro Almodóvar, 1984)

En la película El viaje fantástico de Simbad con efectos de Ray Harryhausen, el equipo de Prósper  construyó un templo en miniatura para ser destruido, se hicieron las piezas como un puzzle, cada una con su numeración, para poder volver a colocarlas una vez destruido.  
 

 Entre los colaboradores habituales de Prosper estaban, el maquetista y pintor Emilio Ruiz,  Ramón Moya carpintero y jefe de construcción, Julián Martín pintor de forillos y decorados, Jacinto Soria escayolista y escultores como Salvador Debon, Vicente Jesús y Vicente Luna. En esta película trabajaron en los efectos especiales mecánicos, la empresa Cinefec, que se había formado con los trabajadores de Manuel Baquero cuando este dejó el cine a principios de los años setenta. Entre sus miembros destacaban Antonio Bueno “Puchini” Antonio Balandin, y Antonio Parra.

Para  La Isla Misteriosa, parte de la acción se rodó en la Costa Brava, donde se construyeron algunos decorados de la entrada a una caverna donde se refugian los protagonistas. En la foto en blanco y negro, se ve la porción de decorado que se construyó junto a la playa. Harryhausen era poco amigo de los trucajes rodados en localización y aunque algunas veces recurrió a las habilidades de Emilio Ruiz, en la mayoría de los casos, las pinturas en cristal se hacían en postproducción en Londres, como las que se hicieron para esta película.  A la derecha, una foto con Harryhausen y Eugenio Martín, ayudante de dirección sobre el volcán en miniatura.



  El maquillador José Antonio Sánchez tuvo un papel destacado en muchas de estas películas realizando magníficas caracterizaciones y maquillajes especiales como el del actor Tom Baker en el papel del mago Koura en El viaje fantástico de Simbad.

El pintor y maquetista Emilio Ruiz  con Ray Harryhausen junto a una maqueta para  El viaje fantástico de Simbad utilizando su sistema de maquetas pintadas en chapa recortada.  La ciudad de Marabia es una silueta recortada en aluminio, colocada en primer término a unos dos metros y medio de la cámara. Pintada con la perspectiva adecuada y  con las luces y sombras igualadas a las reales del paisaje del fondo, el resultado es completamente convincente.
 

Con Eugene Lourie también colaboró Emilio Ruiz, en Krakatoa, La batalla de las Ardenas, La última aventura de Custer o "The royal hunt of the sun". Para  esta ultima se el equipo de Prosper construyó  en los estudios Sevilla Films de Madrid, una miniatura de un  puente colgante en un desfiladero. Atravesando el puente, Emilio colocó las siluetas recortadas y pintadas, de la tropa de Pizarro, que se deslizaban por un carril. Para conseguir que los muñecos tuvieran alguna movilidad, Emilio Ruiz utilizó pequeños muelles para los cuellos de los caballos y algunos jinetes.
 

Durante estas dos décadas, Basilio Cortijo compaginó sus trabajos con Alex Weldon en películas americanas con sus aportaciones al cine nacional.
Sus trabajos más espectaculares fueron en  grandes producciones como "El día más largo", "Patton", "Papillon" y "Orca la ballena asesina", para la que se construyeron varias réplicas de la orca en fibra de vidrio y látex.
 
Basilio Cortijo subido sobre la cola de una de las réplicas de la Orca.